Las palabras seducen y persuaden. Generan propuestas, posibles cambios o confusión. Las palabras alientan o aniquilan. Se transforman en discursos creíbles o repeticiones engañosas. En un gobierno, las palabras son la clave de comunicación interna y externa, es decir, dentro de sus organismos y con la ciudadanía. Estas pueden ser usadas para transmitir las obras realizadas, para generar debates y proposiciones; pero, también, para ocultar verdades, confundir con retórica y mentir. Por otro lado, palabras sin acciones, no sirven de nada. En nuestro país vivimos la “Revolución Ciudadana”, dos palabras que han marcado el discurso político de Correa y su movimiento Alianza País, así como el proceder del gobierno. Sin embargo, ¿qué tan verídica es esta Revolución Ciudadana?
Revolución Ciudadana, un imperativo, dos palabras con poder. El diccionario de la Real Academia Española define revolución como cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación; es decir, una transformación radical y profunda en un orden establecido. De esta manera, la “Revolución Ciudadana”, debería ser considerada como un cambio tajante generado desde la ciudadanía, impulsado por ella y trabajada por ella. Por el contrario, la “Revolución Ciudadana”, como la hemos estado viviendo, es un cambio gradual, a lo largo del período de gobierno del actual presidente, llevado a cabo desde Alianza País y su liderazgo.
