Si las mujeres son de Venus y los hombres son de Marte ¿de qué planeta son las niñas y los niños?
Indudablemente, sin temor a equivocarme, son de un planeta multicolor, con pasadizos secretos que conducen a millones de toboganes, escaleras y diversión. Un mundo donde cada color, se mezcla con sabores dulces y empalagosos, con el aroma de travesuras y la textura de cascadas de chocolate.
Ese lugar al que todo adulto anhela volver por apenas un momento, un suspiro en el que los juegos y las picardías sean su razón de ser. Los niños y las niñas de este planeta son exploradores, atraviesan por puentes colgantes que llegan a parajes desconocidos de mayor aventura y conocimiento. Solo hay un rincón que no les encanta, pero al que les toca ir y que la final les termina gustando: el intrigante mundo de la educación.
Pero, también existe un planeta en escala de grises y rojo, en donde viven muchos niños y niñas; donde el sol se opone a alumbrar sus caminos, donde el sonreír es una transgresión, donde el soñar está prohibido y donde su vida es un cataclismo. Es un mundo frío, lleno de sombras, de desencanto y dolor.
Un lugar en que cada rincón provoca miedo, donde los caminos conducen a las pesadillas más temidas; un espacio en el que la alegría y los chispazos de dulzura de la niñez son ahogados por golpes secos y gritos de angustia. El rojo aturde sus miradas y el negro corrompe su frágil corazón. Solo hay un sendero que vislumbra un mundo de color, pero su transitar resulta cercano a lo imposible: la educación.
Lo paradójico es que los adultos transformamos los planetas de los niños, nosotros los convertimos en mundos llenos de color y aventura, o en lugares de temor y desencanto. Para ellos es natural la alegría, la confianza, el amor; pero, nosotros lo adulteramos con nuestras acciones. Padres y madres pueden convertir la vida de sus hijos e hijas en belleza o fealdad.
La sociedad puede discriminarlos o aceptarlo; ofrecerles oportunidades a todos, o negarlas a un grupo de niños y niñas. El Estado puede fomentar su protección y el cumplimiento de sus derechos o puede mantenerlos en un planeta de oscuridad. Nosotros somos responsables de su bien o su mal; permitamos que su planeta sea siempre colorido, con una sola responsabilidad: la educación.

