Enmarcar una montaña, niebla y siluetas difusas con el borde de la ventana del bus interprovincial, donde una niña duerme, puede resultar bello. Sí, un delgado caucho negro, cortinas amarillas brillantes y el cristal empolvado muestran un fondo majestuoso. La cadena montañosa se prolonga hasta donde la vista se pierde en frondosos verdes, fortificados marrones y perfiles azulados. El movimiento del carro no la despierta de su plácido sueño. Quien sabe e inclusive sueñe con la selva, verdes vivos en inhóspitos paisajes. Cuando abra sus ojos estará en el Puyo y no se dará cuenta del dulce cuadro que formó.
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